Cuando el apocalipsis estalló, el dolor de la Tierra fue tan inmenso que alteró el plano mágico. Las Tejedoras entraron en un estado de letargo, envolviéndose en capullos de ámbar bajo las raíces de los árboles más antiguos.
Hace apenas cinco años, el aire volvió a ser lo suficientemente respirable como para despertar. Al salir, se encontraron con un páramo estéril y con humanos desesperados. Inicialmente, las hadas desconfiaban de los supervivientes (a quienes culpaban del colapso), pero todo cambió cuando conocieron a Los Reclamadores.
Las Tejedoras vieron que este grupo no quería volver a explotar la tierra, sino "reclamar" su equilibrio. Hoy en día, las hadas actúan como las ingenieras agrónomas espirituales de la alianza. Mientras los Reclamadores limpian las ruinas y defienden los asentamientos de las amenazas del páramo, las Tejedoras aceleran el crecimiento de cultivos mutados, purifican las fuentes de agua con su magia residual y crean barreras de espinas naturales para proteger a las nuevas civilizaciones.






