Hace 20 años, cuando el mundo colapsó, la refinería "Preston-Oasis" estaba operando a su máxima capacidad, protegida por un contingente de contratistas militares privados. Mientras las ciudades ardían, el ingeniero jefe, Garrick Vance, tomó una decisión fría: ejecutó a los ejecutivos corporativos que intentaban huir con los helicópteros y selló las instalaciones junto a los obreros y los mercenarios.
En lugar de dispersarse, convirtieron la refinería en una fortaleza flotante en un mar de arena. Aprendieron a destilar el crudo en búnkeres subterráneos para protegerlo de las tormentas de radiación y ceniza. Durante las dos décadas siguientes, expandieron su territorio subyugando a las tribus nómadas locales, ofreciéndoles una opción simple: trabajar en los pozos o morir de sed.
Cuando los Reclamadores llegaron al desierto hace poco, esperaban encontrar salvajes sedientos de sangre o refugiados desamparados. En su lugar, se toparon con los muros de acero del Sindicato.
Actualmente, la relación es de una tensa guerra fría diplomática. Los Reclamadores necesitan el combustible del Sindicato para reactivar las redes eléctricas y los transportes de las nuevas civilizaciones; el Sindicato, por su parte, necesita los conocimientos agrícolas y los purificadores de agua avanzados que poseen los Reclamadores. Es un matrimonio por conveniencia donde ambos bandos duermen con un ojo abierto.








